Primer día, suplicio verdadero.
Tratando de sobrevivir cada día tocamos con nuestras manos el mundo. Creemos que es de arena para no poder ensuciarnos. La tierra que hay en el hace que queden manchas en nuestras almas impidiéndonos limpiarlas. La amargura que muestran los ojos relusen la falta de afecto de aquella persona contagiada de rencor. Los bordes de nuestro espíritu se tiñen de color negro resucitando la maldad que hay en ellos.
0 comentarios